Rimenta

Taller de grabado y estampa · notas de trabajo

Del tórculo al papel húmedo: cómo se construye una estampa

Un grabado no aparece en la prensa: llega allí después de una cadena larga de decisiones que empiezan en la plancha y terminan en la carpeta donde se guarda el tiraje. Estas páginas describen esa cadena paso a paso, con el vocabulario que se usa realmente en el taller y con las razones técnicas detrás de cada gesto: por qué el fieltro se coloca en un orden determinado, por qué el papel se humedece antes de imprimir, por qué una punta seca se agota mucho antes que una plancha mordida al ácido.

Rodillo aplicando tinta sobre una forma de impresión en una prensa de taller gráfico
Entintado de una forma sobre la platina antes de la impresión

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El tórculo y lo que hace la presión

El tórculo de grabado calcográfico es, en esencia, un laminador: dos cilindros de acero entre los que pasa una platina móvil. Sobre la platina se coloca la plancha entintada, encima el papel y, sobre todo ello, los fieltros. Al girar la cruceta, la platina avanza y el cilindro superior empuja el papel dentro de los huecos de la plancha. Ahí está la diferencia fundamental con la tipografía: en calcografía la tinta no se deposita sobre la superficie, se extrae de las incisiones.

La presión se regula con los tornillos que sostienen el cilindro superior, y se regula en los dos lados por igual. Un tornillo más apretado que el otro produce una estampa desigual, con una mitad ahogada y la otra floja. La referencia práctica es sencilla: la presión correcta es la mínima que consigue una huella limpia del bisel de la plancha en todo su perímetro. Si hay que forzar la cruceta, sobra presión; si el borde apenas se marca, falta.

Los fieltros trabajan como una sola pieza aunque sean tres. El más fino, llamado a veces «fieltro de fondo» o guarnición, va pegado al papel y transmite la presión sin dejar textura; los intermedios reparten; el más grueso amortigua contra el cilindro. Se apilan siempre en el mismo orden y con la misma cara hacia abajo, porque acaban tomando la marca de los grabados anteriores. Guardarlos extendidos y secos es parte del mantenimiento: un fieltro húmedo o doblado deja su pliegue impreso en el papel.

Comprobaciones antes de la primera estampa del día

  • Cilindros limpios, sin restos de tinta seca ni de humedad.
  • Platina sin partículas duras: un grano de arena marca el papel y el fieltro.
  • Presión igualada en ambos tornillos, verificada con una prueba en papel de descarte.
  • Fieltros extendidos, sin arrugas ni cantos doblados.
  • Mesa de entintado separada de la mesa de papel: la tinta viaja con facilidad.
  • Trapos limpios, tarlatana preparada y papel de seda a mano.

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Cinco maneras de abrir una imagen en una matriz

Las técnicas se distinguen por dos cosas: cómo se abre el surco y si la tinta queda en el hueco o en el relieve. Todo lo demás —el aspecto de la línea, el número de estampas posibles, el tipo de papel que conviene— se deduce de ahí.

Buril

Grabado directo sobre cobre con una herramienta de sección romboidal que se empuja con la palma. El buril levanta una viruta continua y deja un surco de paredes limpias y fondo en V, más ancho donde el corte es más profundo. De ahí la línea característica: empieza fina, engorda y vuelve a afinar. Es la técnica menos indulgente, porque corregir implica bruñir y rebajar la superficie. A cambio, la línea es nítida y la matriz aguanta tiradas largas.

Aguafuerte

Indirecto: la plancha se cubre con un barniz resistente, se dibuja con una punta que solo retira ese barniz y es el mordiente el que abre el surco. El gesto es libre, parecido al del dibujo, y el control está en el tiempo de mordida. El fondo del surco es plano y de paredes algo irregulares, lo que retiene tinta de forma distinta al buril: la línea es más cálida y menos cortante.

Punta seca

Se araña el metal directamente con una punta dura, sin barniz ni ácido. El surco no se vacía: el metal desplazado se acumula en los bordes formando la rebaba, que retiene mucha tinta y produce ese negro aterciopelado, ligeramente desbordado, que identifica la técnica. La rebaba es frágil y se aplasta con cada paso por el tórculo, así que las primeras estampas difieren notablemente de las últimas. Por eso las tiradas de punta seca son cortas por naturaleza, no por decisión comercial.

Linóleo

Técnica de relieve. Con gubias en V y en U se retira el material que debe quedar en blanco; la tinta se deposita con rodillo sobre lo que queda alto. El linóleo no tiene veta, de modo que el corte va igual de fácil en cualquier dirección y permite curvas amplias y superficies planas muy limpias. Es un material blando: los filos deben estar afilados de verdad, porque una gubia roma desgarra en lugar de cortar y el borde estampado sale mellado.

Xilografía

También de relieve, pero sobre madera, y ahí la veta manda. En madera al hilo, cortada en el sentido de las fibras, la gubia se comporta de forma distinta según vaya a favor o en contra, y esa resistencia queda visible en la estampa. En madera a contrafibra —topes de boj o de peral— la superficie es homogénea y admite buril, lo que permite líneas muy finas y tramas densas. La madera necesita estar seca y estable; una tabla que trabaja abre grietas que aparecerán impresas.

Estampa de una hoja obtenida por linograbado junto a una gubia de corte sobre papel
Prueba en papel junto a la herramienta de corte utilizada

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Preparar la plancha, aplicar el barniz, medir la mordida

Antes de cualquier trazo, la plancha se acondiciona. Los cantos se liman a 45º con una lima plana y luego se bruñen: un bisel bien hecho evita que el borde corte el papel húmedo y los fieltros, y deja en la estampa esa huella limpia que después sirve de referencia para el encuadre. La superficie se desengrasa con blanco de España y un poco de amoniaco diluido, se aclara y se seca sin tocarla con los dedos. La prueba es visual: el agua debe extenderse en una película continua, sin agruparse en gotas.

El barniz blando o duro se extiende en capa fina y uniforme, normalmente sobre la plancha templada, y se iguala con un rodillo de cuero o con muñequilla. Una capa gruesa parece más segura pero responde mal: la punta arrastra en vez de descubrir y los bordes del trazo quedan sucios. Al terminar, el reverso y los cantos se protegen con barniz de recubrimiento o cinta resistente, porque el mordiente ataca todo el metal que encuentra.

La mordida no se calcula, se observa. Las líneas más superficiales se retiran pronto del baño y se reservan con barniz; las que deben imprimir más oscuras continúan. Conviene llevar un cuaderno con el tipo de mordiente, su estado, la temperatura del taller y los tiempos por fase, porque un baño usado muerde más despacio y con un dibujo de burbujas distinto. Con dos o tres planchas anotadas, el cuaderno predice mejor que cualquier tabla general.

Indicios que conviene leer durante la mordida

  • Burbujas que se adhieren al surco y frenan el ataque: se retiran con pluma o pincel suave.
  • Barniz que se levanta en escamas: la capa era demasiado gruesa o quedó grasa.
  • Líneas que se ensanchan más de lo previsto: exceso de tiempo o mordiente demasiado activo.
  • Zonas sin ataque: restos de dedos, barniz residual o reserva mal retirada.
  • Fondo rugoso en superficies amplias: mordida prolongada sin protección intermedia.

Al retirar el barniz con disolvente y limpiar la plancha, la lectura del relieve con la yema del dedo dice casi todo: un surco que no se nota apenas imprimirá gris, por bien dibujado que esté.

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Entintar y limpiar: donde se decide el gris

En calcografía el entintado tiene dos fases opuestas. Primero se carga: con muñequilla de tarlatana o con una espátula de cartón se empuja la tinta dentro de todos los surcos, en varias direcciones, hasta que no quede hueco vacío. Suele hacerse con la plancha ligeramente templada sobre una placa caliente, porque la tinta fluye mejor y entra sin necesidad de forzarla.

Después se retira. La tarlatana limpia se maneja en bola blanda, con movimientos circulares y contacto muy ligero: no se frota, se roza. Se cambia a paños cada vez más limpios a medida que la superficie se aclara. El último paso, si se busca una superficie franca, es la mano: la palma ligeramente empolvada retira el velo final sin vaciar los surcos. Aquí se juega la interpretación de la estampa, porque el mismo cobre puede dar una imagen seca y contrastada o una envuelta en un gris general según cuánta tinta se deje.

En relieve el planteamiento es el contrario. El rodillo se carga sobre una placa de vidrio o mármol extendiendo la tinta hasta oír un siseo uniforme y ver una película fina y mate, y pasa sobre el linóleo o la madera sin presionar, en pasadas cruzadas. La tinta solo debe tocar lo alto. Si aparece tinta en los fondos rebajados, o el rodillo iba demasiado cargado o la presión de entintado fue excesiva.

Secuencia habitual de entintado calcográfico

  1. Templar la plancha y ablandar la tinta sobre la placa.
  2. Cargar los surcos en varias direcciones, cubriendo toda la superficie.
  3. Retirar el grueso con tarlatana usada, sin apoyar.
  4. Igualar con tarlatana limpia hasta ver aparecer el dibujo.
  5. Ajustar el velo final con la palma o con papel de seda.
  6. Limpiar cantos y bisel con un trapo: si no, dejarán una línea negra en el margen.

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El papel y su humectación

Para calcografía se emplea papel sin ácido, con encolado interno y suficiente cuerpo, en gramajes que suelen moverse entre 200 y 300 g/m². Lo importante no es la marca sino el comportamiento: debe ablandarse al mojarse sin deshacerse, entrar en los surcos y volver a estabilizarse al secar. El papel hecho a mano o de molde tiene barbas en los cuatro lados y una dirección de fibra poco marcada; el de máquina tiene fibra orientada, y conviene identificarla porque condiciona cómo se deforma al humedecerse.

La humectación se hace por inmersión breve o pasando una esponja por ambas caras, y después el papel reposa entre plásticos o en una carpeta cerrada hasta que la humedad se reparte. El punto buscado se reconoce al tacto: el papel está frío y flexible, pero no brilla ni deja marca de agua al apoyar el dedo. Si está demasiado mojado, la tinta se difumina y la superficie puede rasgarse al levantar la estampa; si está demasiado seco, no llega al fondo del surco y la imagen sale pálida y sin huella.

En relieve, en cambio, se imprime normalmente en seco, con papeles más delgados y de superficie lisa, sobre todo si se estampa a mano con baren o cuchara.

Cómo se reconoce el punto correcto de humedad

  • Superficie mate, sin película de agua visible.
  • La hoja cuelga sin quebrarse al sostenerla por un borde.
  • Al presionar con el dedo no queda huella brillante.
  • Las barbas se mueven con suavidad, sin quedar rígidas.
  • El papel se adapta al secante sin pegarse a él.

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Registro, secado y orden del tiraje

Cuando la imagen se compone con varias planchas, el registro deja de ser un detalle. El sistema más común en el taller es la plantilla: una hoja de papel o acetato fijada a la platina con la silueta de la plancha y la posición exacta del papel dibujadas encima. Cada plancha se coloca dentro de su marca y cada hoja se apoya en las mismas referencias, normalmente dos topes en ángulo. Otra vía es el registro por perforación, con dos agujeros en el margen y sus clavijas correspondientes.

El orden de las tintas influye tanto como la precisión. Se suele empezar por los tonos claros y avanzar hacia los oscuros, dejando que cada capa pierda humedad superficial antes de la siguiente. El papel, al humedecerse, ha crecido; al secar, encoge. Por eso las tintas sucesivas se imprimen manteniendo la hoja en un estado de humedad parecido, y por eso muchas desviaciones de registro no vienen de la plantilla sino del papel.

Al salir del tórculo, la estampa se coloca entre secantes o cartones de secado, con papel de seda protegiendo la superficie entintada si la carga de tinta es alta. La pila va bajo tablero y peso moderado, y los secantes se cambian durante las primeras horas: el papel más seco tira de la humedad y evita ondulaciones. El proceso completo suele llevar varios días; retirar las hojas antes de tiempo es la causa habitual de que un grabado plano acabe abarquillado dentro de la carpeta.

La numeración se escribe a lápiz blando en el margen inferior, una vez el papel está seco y el conjunto revisado. Lo habitual es el número de la estampa sobre el total a la izquierda, el título en el centro y la firma a la derecha, junto al año. Las pruebas de artista se señalan aparte, fuera del recuento. Y el tiraje se guarda en plano, con papel barrera entre hojas, en un lugar estable y sin luz directa: el papel de calidad dura mucho más que las condiciones en que se guarda.

Datos que conviene registrar por edición

  • Técnica y materia de la matriz.
  • Papel utilizado, gramaje y formato de la hoja.
  • Tinta y aceites o cargas añadidos.
  • Presión del tórculo y tipo de fieltros.
  • Número de tintas y orden de impresión.
  • Total del tiraje, pruebas y ejemplares descartados.

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Qué se publica en Rimenta

Rimenta es un proyecto editorial en línea dedicado exclusivamente al trabajo de taller en grabado y estampa. Los textos se escriben con un criterio único: describir procedimientos concretos, nombrar bien las herramientas y explicar por qué un paso va antes que otro. No se publican listados de productos ni recomendaciones de compra.

Los contenidos se organizan alrededor de estos bloques:

  • Mecánica del tórculo, presión y mantenimiento de fieltros.
  • Diferencias técnicas entre buril, aguafuerte, punta seca, linóleo y xilografía.
  • Preparación de matrices: biselado, desengrasado y barnices.
  • Mordida: control de tiempos, reservas y lectura de la plancha.
  • Entintado calcográfico y entintado en relieve con rodillo.
  • Papeles, humectación y comportamiento de la fibra.
  • Registro a varias tintas y sistemas de plantilla.
  • Secado bajo peso, numeración y conservación del tiraje.

El material se revisa y se amplía con el tiempo. Cuando una descripción admite varias prácticas válidas, se indica en el propio texto en lugar de presentar una sola como norma.

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